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Orinoco 4, el río Bita


Por si te perdiste el anterior capítulo de Foto expedición Orinoco puedes leerlo en Orinoco 3, de Paso por el Orinoco.

Si en el capítulo anterior contaba la naturaleza grandiosa el río Orinoco, cuando entramos al río Bita este comenzó a darme lecciones menos grandiosas pero más íntimas.

— Oye mi voz más queda y virgen, más dirigida a tu interior — decía el río Bita.

Así fue que no me perdí las bellezas rosadas.


Espatulas rozadas en el río Bita, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

¿Pero entendí? ¿Es la fotografía un indicio de ese entendimiento? No se, pero lo viví.

Y en la orillas del río Bita más vida, más aves, muchas garzas.

— ¡Una garza real! — dije con mucho entusiasmo — hice la foto, hice muchas y una de esas.


Garza real a orilla del río Bita, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y llegamos al lugar del campamento. Una isla en el río Bita, dos terceras partes de bosque, una tercera de arena enfrentando el río. Desayunamos con pavón frito (un pescado) y deliciosa arepa venezolana. Ahí más aves, playeros, chorlitejos y más caracaras, esta vez una pareja.


Dos caracaras conversan mientras se alimentan, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Estaban paseando en la playa y parecían estar conversando mientras buscaban alimento para sus bebés.

— ¿Te perece bien este hueso para que los niños tengan calcio y desarrollen un pico fuerte? — decía uno de ellos, el más grande, la hembra.

— Claro, mi amor, todo lo que sea bueno para nuestros hijos — decía el macho — mientras tomaba el hueso para llevarlo al nido.

Y así recorrieron la playa buscando cosas para alimentar a la familia, un comportamiento basado en el amor con miles de años de antigüedad. Y dicen que los mamíferos son los únicos capaces de expresar amor por sus crías, esto también era amor paternal.

Mientras en uno de los matorrales de la orilla de la isla un cormorán desplegaba su alas al sol.


Pato aguja secando sus alas, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Lo llaman pato aguja, pero no tiene nada que ver con los patos, ni siquiera nada, sólo bucea y para poder hacerlo no tiene impermeabilizadas sus plumas, como si las tienen muchas aves acuáticas, como los patos, por lo que cuando ha pescado le toca llegar dificultosamente a un lugar donde esté iluminando el sol para secar sus alas. No es para nada un pato, prefiero su otro nombre, pájaro serpiente. Y me encanta verlos así porque parece que estuvieran adorando al sol.

Pero obviamente no era el único en el bosque de la isla, había cientos de aves y quien sabe que más en ese espacio pequeño. Y una simpática y pequeña presencia descansaba en una rama.


Golondrina en la mañana, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Una golondrina que parecía posar en la mañana.

— Soy linda y tierna, tómame una foto — parecía decir la golondrina.

— Pero yo soy más linda y majestuosa — decía un garzón azul acaparando ahora mi atención.


Garzón azul, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Más o menos un metro veinte de elegancia azul y gris estaba en la orilla al frente en el río, mirando.

Y así, en ese pequeño segmento de río más y más vida. Pero no sólo la riqueza se presentaba en la fauna, sino también en su paisaje.


Playa en el río Bita 1, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y sólo girando unos grados hacia la derecha:


Playa en el río Bita 2, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

¡Y ahí acampamos, en ese paisaje!

Y las aves caminaban plácidamente por sus arenas, otra vez exigiendo mi atención.

— Yo sólo camino y soy linda ¿no te perece? — parecía decir el pellar playero.


Pellar playero, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y mientras esperábamos el almuerzo, hablábamos de la gran cantidad de aves y uno de los compañeros dijo.

— ¿Cómo la que tienes en el árbol, detrás de ti? — me decía divertido.


Caracara, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Era uno de los dos abnegados padres caracara que estaban recogiendo huesos en la mañana para sus pequeños, la isla era su hogar, despensa y coto de caza. Estaba muy seguramente vigilándonos.

— ¿Serán depredadores estos monos extraños? ¿Dejarán comida tirada como otros los monos?, mis bebés necesitan comida — pensaba muy interesado el caracara.

Menos mal ninguna de las dos preguntas del caracara resultó ser cierta, sólo la observación de que eramos monos extraños.

Al pararme y hacer la foto del caracara quedé en modo fotografo y por lo mismo mirando hacia la playa pude poder ver otra ave, una corocora negra o coquito.


Corocora negra 1, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Que al acercarme emprendió el vuelo.

— Se está acercando demasiado, mejor me voy — dijo con prevención, pero no con angustia.


Corocora negra 2, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y aprovechó y me dio a mi, un ex-aprendiz de parapentista, una lección de vuelo, la cuál no sería la única que me darían los ríos.

— La facilidad, la fluidez, la naturalidad ¿lo notas? — decía el río Bita con paciencia.


Corocora negra 3, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

— Dejo que el aire corra por mis alas y con unos pocos aleteos me remonto al cielo — parecía decirme la corocora.


Corocora negra 4, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Al rato salimos por el río, en la canoa, y fuimos a dos lagunas, realmente brazos abandonados del río Bita.


Laguna del río Bita 1, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

No es raro encontrar este tipo de lagunas cerca de los ríos de llanura, tienen forma de media luna, nacen cuando el río cambia de curso y abandona esos antiguos trayectos. Mientras pensaba en ello unos aterradores ojos me veían desde la superficie de la laguna.


Babilla, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y luego más, pero cuando me acercaba para hacerles fotografías se ocultaban rápidamente y al parecer lo aterrador realmente estaba en otra parte.

— Mejor escondernos no nos vayan a convertir en una cartera de cuero y de todos modos no sabemos bien — decían un poco aterradas las babillas.

Por eso sólo pude ver sus ojos y algo de sus cuerpos flotando debajo del agua, camuflándose entre los troncos sumergidos. Pero la belleza del paisaje de estas lagunas nos asaltaba continuamente.


Laguna del río Bita 2, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y, como siempre, con solo rotar unos grados.


Laguna del río Bita 3, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y más fauna, muchos martín pescador, más garzones azules, corocoras negras, garzas azules, garzas ralladas, garzas blancas y más.

De vuelta armé la carpa y pensé que tenía que tener cuidado por que la arena sobre la que estaba era muy suelta y las estacas muy pequeñas, no alcancé a adecuar unas largas como las que usábamos cuando acampábamos de niño con mi familia en las playas vírgenes de Venezuela.

Y cayó la tarde dejando ver otro de sus espectáculos.


Atardecer con canoa en el río Bita, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

— No puedo ser más hermoso — decía plácido el río Bita.

Después de cerrar la boca ante el espectáculo el guía dijo.

— Tomen sus linternas pues no vamos a pescar.

— ¿A pescar, de noche y sin cañas? — pensaba yo.

Abordamos entonces la canoa.

— Todavía no prendan las linternas — decía el guía entre susurros.

Navegamos un rato más en el río, cuando.

— ¡Préndalas ahora! — dijo enfáticamente.

Comenzaron a llover peces desde el agua, pasaban saltando por encima de la canoa, algunos caían dentro de ella y otros nos pegaban fuertemente en los hombros, espalda y rostro. Fue la pesca más fácil, pero más apaleada que he hecho en mi vida.

De vuelta nos comimos esos peces a la parrilla con muchas ganas a pesar de nuestros múltiples moretones y riéndonos de la experiencia.

Nos fuimos a dormir exhaustos y yo entre sueños recordaba todo lo que había pasado y una voz me decía.

— ¿Entiendes, entiendes? — decía el río Bita, con su voz cavernosa y aireada de mono aullador.

El siguiente capítulo próximamente.

Orinoco 3, de paso por el Orinoco


Por si te perdiste el anterior capítulo de Foto expedición Orinoco puedes leerlo en Orinoco 2, de mañana en  Puerto Carreño.

Y saliendo de Puerto Carreño por fin estábamos en el río. A pesar de que Orinoco es usado por los humanos como una autopista la vida lo considera su hogar, su territorio de caza y alimentación. El puerto es la frontera de lo artificial y estar en el río es pues sumergirse en lo natural.

Desde el principio podía ver mucha fauna, particularmente muchas aves y una de las más llamativas un águila pescadora.

— ¡Admiren mi belleza!, puesto que ustedes son apenas una parte de ella — decía el río con su voz profunda de agua, viento y arena.


Aguila pescadora, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

El águila volando sobre el río muy lentamente observando las aguas, siempre observando, cuando en un momento, y sin avisar, se descuelga a una velocidad vertiginosa hacia las aguas. Y apenas rozando el agua extiende sus garras, atrapa un pez y se aleja con el entre sus garras.
— Ya tengo la comida de mis pequeños — dice alegremente volando hacia el nido.

Está águila no demuestra, ni presume sus habilidades es simplemente lo que hace a diario, es su “ir a la oficina y obtener el sustento” lo cual es una lección de humildad más que patente.

Muchas veces vi esta acción pero no fui capaz de tomar una secuencia de fotografías, primero me era demasiado impresionante y quedaba anonadado con la cámara en el mano. Después, aún sabiendo lo que pasaría, la acción era muy rápida para poder captarla con mi poca experiencia y mi equipo de baja calidad.

— Ni con tu avanzada tecnología puedes captar lo que realmente soy — decía el río,  no puedes aprehender mi esencia — escucha más, mira mucho más, hasta sentirlo desde el corazón.

Todo el recorrido me dio lecciones, algunas las pude ver, otras muchas me pasaron desapercibidas.

Y llegamos al río Bita, pero eso será para el próximo capítulo.

El siguiente capítulo Orinoco 4, el río Bita.

Orinoco 2, de mañana en Puerto Carreño


Por si te perdiste el anterior capítulo de Foto expedición Orinoco puedes leerlo en Orinoco 1, Puerto Carreño.

Como es regla en una expedición de este tipo nos madrugamos, o eso era para nosotros que todavía teníamos el horario de la gran ciudad. Y sin embargo, la pequeña ciudad nos recuerda que todavía es parte de la naturaleza, parte del río y nos saluda mediante sus inquietas criaturas.

Un caracara nos dice volando y enfrentándose a la obras del hombre que ésta es una frontera, un límite entre lo artificial y lo natural. El caracara, un ave de la familia de los halcones, estaba parado en un techo de la ciudad.


Caracara vanidoso 1, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Cuando advirtió nuestra presencia y con una dignidad que sólo pueden tener la aves de presa y los felinos voló elegantemente.


Caracara vanidoso 2, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Hasta, cara a cara, toparse con una de la obras de lo “artificial”. Pero, con toda dignidad, se recuperó de su impresión inicial, usó la ventana como espejo y admiró su belleza y “charlando” con sigo mismo.

— Que bonito soy — decía insistentemente mientras se miraba aparatosa, pero dignamente en la ventana.

Lo decía con llamados que los biólogos y los observadores de aves interpretarían “erróneamente” como de un desafío ante otro miembro desconocido de su especie. A veces nos falta imaginación a los humanos.


Caracara vanidoso 3, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Pero la naturaleza no podía dejar sólo ese saludo, también nos tenía preparado unas escena de amor y violencia.

Esta hermosa damisela estaba tranquilamente posada en un cable de energía eléctrica.


Amor y violencia en un cable 1, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Cuando un galán se le acercó e intentando comenzar un baile para impresionarla.

— Con este baile va a caer rendida bajo mis alas — decía el macho muy confiadamente como creemos todos los machos.

Pero casi inmediatamente, ni había llegado a dar los dos primeros pasos, cuando apareció otro macho.


Amor y violencia en un cable 3, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

— ¡Yo la estaba cortejando! — dijo enfáticamente el primero.

— ¡No, yo la voy a cortejar! — dijo más violentamente el segundo — y las dos hablaban de “cortejo” pues el lenguaje de las aves es muy correcto, aún en situaciones de estas.

Y como solo puede ser en estos casos se desató la violencia, pero en su sabiduría los machos comenzaron un enfrentamiento ritual, una danza coordinada de gran vistosidad.


Amor y violencia en un cable 4, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Finalmente la hembra fue la juez de esta impresionante danza guerrera en la que ninguno salió herido. No se quién gano, pues francamente los dos machos son iguales, pero lo importante aquí es lo que estas aves “sin cerebro” nos enseñaron.

Y la mañana apenas comenzaba.


Temprano en Puerto Carreño, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

El río Orinoco adornaba con sus reflejos las canoas en el puerto.


Canoas al amanecer, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Las canoas esperan pacientemente a ser abordadas, formando un tapiz de formas alargadas y colores, esperando a que su pasajeros las aborden para iniciar la aventura.


Canoas en Puerto Carreño, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y salimos al río Orinoco para ir hacía el río Bita que nos esperaba tranquilamente. Pero eso, es para el próximo capitulo.

Mira el siguiente capítulo Orinoco 2, de mañana en Puerto Carreño.

El Cuco americano


Cuckoo between branches, originalmente cargada por Aztlek.

Como les he estado contando en estos días he estado tomando fotografías en el Humedal de Itzatá (conocido popularmente Humedal de Córdoba). Lo último que les relaté fue sobre la ternura de las tinguas en Tinguas cariñosas. Bueno, pues después de eso ya estaba cansado de tanto hacer fotografías, la mano ya me desfallecía, por ello dejé a las amorosas tinguas y emprendí el camino de regreso.

En esas llegué al claro que llaman la estación del Jazmín (o estación tres). Este es una gran espacio abierto que da al humedal, o ha lo que queda de él en esa parte. Lo digo por que ya no hay espejo de agua, la sedimentación, ayudada por algunas plantas ha secado esa parte y ya solo queda un hilo de agua y un gran barrizal.

Pero en él hay muchos árboles que no tienen hojas. Y en uno de ello estaba otro escenario y esta vez, no esperaba el actor pues ya estaba en su papel. Era otra ave que se veía gris, al principio creía que era el mismo pibí. Pero no, el tamaño, que puede ser muy engañoso si no se tienen en cuenta las distancias, era mayor. Y el pico aunque de los mismos colores, negro par arriba y amarillo por debajo, no era recto sino curvo.

Y como buena ave tenía muy buena vista y me observaba atentamente. Estaba viendo si debería huir o no.

Pues me costó mucho trabajo identificarla, al principio creí que era alguna especie de atrapamoscas, tal vez por que venía de ver el pibí y ya saben, cuando uno conoce un martillo todos los problemas le parecen clavos. Pero el pico era curvo, nada que ver.

Después me fijé en la cola. ¡Tenía el mismo patrón de rombos de los trogones! Te muestro una foto donde se alcanza a ver.

The Yellow-billed Cuckoo, originalmente cargada por Aztlek.

Si viste mi artículo La expedición de las aves, está el trogón coliblanco.

Y si, el patrón de la cola no es exactamente igual pero hay otros miembros de la familia que presentan un patrón de rombos en la cola como nuestra ave. Pero mira, tiene el mismo anillo amarillo alrededor del ojo.

No era un atrapamoscas ¡Pero tampoco era un trogón! Busqué en la guía y no hay ninguno que se la parezca.

Estaba perdido. Así que repace toda la Guía de Campo de las Aves de Colombia. Y ahí estaba.

Era un cuco o cucú. Si, el pajarito de los relojes de pared, el que hace se supone que hace.

— ¡Cu-cú!, ¡Cu-cú!, ¡Cu-cú!, ¡Cu-cú!, ¡Cu-cú! — Cada media hora.

Pero no, esta ave hacía algo como.

— Cracrr, cracrr, cracrrr, cracrr.

Ese es su llamado (en Xeno-canto lo puedes oír para que no te estés intentando imaginarte como suenan mis onomatopeyas: Cuclillo Piquigualdo · Coccyzus americanus). Seguramente, traducido, estaba diciendo algo cómo lo que ya hemos oído en otras ocasiones.

— ¡Uno humano, ¡un humano!, ¡un humano!

Sin embargo siguió posado en su rama. De vez en cuando cambiaba, pero perecía no importarle y no volvió a hacer el llamado. Seguro decidió que yo no era “peligroso”.

Debe confesar que la principio no me gustó, pues que creí que estaba viendo a la cara de un villano.

Resulta que el cuco europeo o cuco común, el que si canta cucó, cucú, tiene unos hábitos de cría que a nosotros los humanos nos parecen muy malos. Resulta que el cuco europeo ponen sus huevos en el nido de otra ave y cuando nace el pichón este expulsa a sus hermanastros del nido. ¡Los mata! Y se queda el solo siendo alimentado por su padres adoptivos que ni siquiera saben que es lo que está pasando.

Aquí en Bogotá hay otra ave que tiene las mismas costumbres, el Chamón. Que al parecer está acabando con nuestros queridos copetones. Y por ello muchos les tienen mala voluntad, pero esa es otra historia.

Pero volviendo a nuestro cuco, resultaba que el no era el supuesto villano de los cuentos. El cuco americano cuida a sus pollos, es más, se reparten la carga entre el macho y la hembra. Tanto él como ella incuban y alimentan. Otro ejemplo de amoroso cuidado, de ternura, como les contaba en Tinguas cariñosas. Pero no solo, eso son monógamos.

Pero bueno, esto ocurre en el sur de Canadá y hasta el norte de México. Pero acá viene a veranear, de vacaciones. Tal vez por eso estaba tan despreocupado, o despreocupada. No se que era por que casi no se diferencia el macho de la hembra.

Pero cual vacacionista en la playa cuando aparece un tiburón, la sesión de fotográfica terminó. Una paloma se posó bruscamente en una rama cercana el cuco voló asustado a un aŕbol al otro lado del humedal. Mi lente ya no alcanzaba.

No se asustó con el humano mucho más grande y si con la paloma que sólo era un poco más grande.

El cuco americano es una preocupación menor en cuanto a su extinción. Pero, como he dicho en muchos otros artículos sino cuidamos los humedades, si seguimos desecándolos o contaminándolos podríamos pasar fácilmente de preocupación menor a en peligro.

Mapa conceptual

Como en muchas prepare un mapa conceptual que relaciona las principales características de esta ave. de hecho es lo que hago antes de ponerme a escribir. Si no le puede ver bien, haz clic en él y de esa forma lo puedes ver más grande.

Mapa conceptual del Coccysus Americanus

Mapa conceptual del Coccysus Americanus

Referencias

El Pibí boreal


Olive-sided Flycatcher I, originalmente cargada por Aztlek.

El martes pasado estuve en el Humedal de Itzatá, también conocido como el Humedal de Córdoba. Claro haciendo fotografía de aves, que hace rato no hacía. Y al principio estaba un poco aburrido pues no había podido hacer ninguna fotografía. No veía ningún ave y sin embargo a mi alrededor podía escucharlas muy cerca y gran número. Era como si estuvieran diciendo.

— Haja jaja. !No puedes vernos¡, !no puedes vernos¡, !nosotros si te vemos y tu no! — perecía que cantaban en un tono muy burlón.

De vez en cuando pasaban raudamente volando casi al frente mio y se perdían en el follaje.

— Ja ja ja — cantaban todavía mas duro y en tomo más burlón.

Ya creía que me iba a tocar regresar sin ninguna foto, o peor, sin conocer una nueva ave.

Cuando llegué a un claro en el bosque del humedal. Este humedal tiene un bosque alrededor del agua que es relativamente tupido y tiene pocos claros, por lo que hacer fotografía en él es complejo. Pero les decía que llegué a un claro y apenas entré noté mucha actividad en el dosel. Unos pajaritos que se verían grises volaban de un lado al otro con fuertes reclamos. Me habían visto.

— ¡Humano, humano! ¡Cuidado! — repetían incesantemente.

Y a la mayoría dejé de verlos  rápidamente. Sin embargo, uno lanzaba su llamado desde una rama seca muy alto y voló rápidamente. Al principio me pareció un copetón. Como buen bogotano y citadino todas las aves se me parecen a las pocas que conozco. Y es que en el sitio donde antes vivía había muchos copetones y anidaban en los árboles del frente de mi casa. Y cantaban todas la mañanas y me despertaban en la mañana después de una noche de insomnio. Y de alguna forma, les tomé cariño.

El color parecía más bien un gris que se camuflaba muy bien. Volvió a la misma rama y rápidamente dirigí el teleobjetivo a él. Y no, no era un copetón. Un pájaro que no conocía. Un Pibí boreal.

Esta es un pájaro que migra desde norteamérica. Tan sólo dieciocho centímetros de pájaro y es capaz de volar desde los bosques de coníferas de Canada y EE. UU. para venir a veranear. Se reproduce en esos bosques y aquí viene de vacaciones.

Realmente es gris, dicen los expertos,  un gris oliva en los lados, la cabeza y las partes superiores. En el pecho pareciera tener un chaleco. Y lo que no dicen los expertos es que el copete es de un gris más oscuro. Ese fue el causante de que lo confundiera con un copetón.

En la primera foto de este artículo se puede ver bien el copete, y los colores pero, en ninguna se puede ver el famoso chaleco. Y es que con las posición del sol en ese momento el pecho se le veía de un blanco refulgente, lo que también llama mucho la atención.

Olive-sided Flycatcher II, originalmente cargada por Aztlek.

El Pibí es un atrapamoscas, se para en una rama seca esperando a su presa, acechándola y apenas se acerca el Pibí vuela rápidamente y ya no hay más insecto. Lo hace tan rápido que al principio yo no comprendía que era lo que estaba haciendo. Creí que era una técnica para engañarme y no dejarse hacer fotos. Pero no, realmente a el no importaba mi presencia.

Y eso que este tipo de Pibí son muy territoriales, defienden a capa y espada su espacio, o mejor con pico y garras.

Según la Guía de Campo de las Aves de Colombia de la Fundación ProAves, esta es un ave que es poco común de ver en Colombia, lo cual me pone muy contento de haberla conocido

Pero hay malas noticias. Se considera que el Pibí boreal está casi amenazado, inclusive en la Guía de campo de las aves dice que es vulnerable, un nivel más. Pero sea de uno o de otro nivel, lo cierto es que esto pasa por destrucción del su hábitat. Pero lo triste es que es el hábitat a donde migra, no en América del norte, sino aquí en el sur. Seguimos con nuestra afición de destruir ecosistemas y acabar con especies.

Mapa conceptual

A modo de resumen del Pibí boreal te dejo el siguiente mapa conceptual.

Mapa conceptual del "Contopus cooperi"

Mapa conceptual del “Contopus cooperi”

Referencias

Jilguero aliblanco




Lesser Goldfinch, originalmente cargada por Aztlek.

Esta hermosa ave es un jilguero aliblanco, posó un buen rato mientras cantaba y además de lo bonita que es, cantaba muy bien, es un jilguero. No se mucho de aves, pero me parece que está un poco gordita, lo que quiere decir que el ecosistema en el que vive le es muy propicio. Y al parecer el Humedal de La Florida tiene unas condiciones muy particulares que hace que sea el hogar de muchas aves como veíamos con la Tingua Bogtotana. Por ello es muy importante que este humedal no desaparezca. Y hay que recordar que está amenazado por desarrollos inmobiliarios y por vías proyectadas que impactarían el humedal.

Esta fotografía la hice, otra vez, con mi Rokinon 500mm f/6.3, ésta en el humedal de la florida, en donde he hecho las últimas fotos que he publicado en este blog. Para ser un catadrióptico la foto salió aceptable y ya varias han salido con alguna calidad. Particularmente el Humedal de la Florida tiene muy buena luz por las mañanas, precisamente iluminando esta cañas que hacen que las fotografías se vean muy bien. No podría decir, todavía, cuales son las condiciones en las que estas fotos salen bien. Lo que si puede contarles es que el enfoque y la trepidación son problemas que se amplifican el los teleobjetivos. El enfoque, pues, es manual y eso unido a una profundidad de campo reducida los hacen difíciles de manejar. Pero esto puede ser reducido con mucha práctica. La trepidación se puede reducir con el suso de trípode o con monopode, como en mi caso.

Los dos gavilanes




Looking into the distance, originalmente cargada por Aztlek.

Este gavilán caminero lo oí antes de verlo, hacía mucho ruido y lo reconocí por que no era la primera vez que me encuentro con él: La primera vez, en el Jardín Botánico de Bogotá; el estaba muy tranquilo sobre un árbol, ¡y muy cerca mio!, pero no tenía un teleobjetivo como para que saliera bien. La segunda vez, lo encontré en la Fotoexpedición de las Lagunas, donde volaba con otro gavilán y también hacía mucho ruido, creo que estaban en celo, esa vez si tenía el 500 mm catadióptrico, pero es difícil enfocar con un ave haciendo maromas amorosas, y menos estrenando teleobjetivo, por lo que también fueron muy malas fotos.

Pero esta vez, yo ya tenía más experiencia con el catadióptrico y él estaba tranquilo en su percha. Pero tranquilo es un decir, vocalizaba mucho. Al tomarle las fotos comencé a ver que estaba un poco incómodo.



The broad-winged uncomfortable, originalmente cargada por Aztlek.

Y seguía haciendo ruido. Yo creí al principio que era nuestra presencia, dos fotógrafos y un ornitólogo que se acercaban lentamente a él. Y en un momento levantó la cresta de la incomodidad.



The broad-winged rises crest, originalmente cargada por Aztlek.

Y sin embargo no se iba. Y me di cuenta de que miraba insistentemente a un lado mientras hacía ruido.

Era un gavilán de otra especie.



Juvenile Broad-winged Hawk, originalmente cargada por Aztlek.

Un juvenil de Gavilán aliancho. Pero a pesar de que estuve mucho tiempo tomándoles fotos, más de media hora, ninguno hizo nada. El Gavilán caminero hacía mucho ruido y el juvenil de aliancho, silencioso.

Uno esperaría una dramática confrontación, en donde el adulto defendiera el territorio del juvenil, y ganara por su experiencia. Pero no siempre los animales se comportan como en los documentales de naturaleza.

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