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Orinoco 3, de paso por el Orinoco


Por si te perdiste el anterior capítulo de Foto expedición Orinoco puedes leerlo en Orinoco 2, de mañana en  Puerto Carreño.

Y saliendo de Puerto Carreño por fin estábamos en el río. A pesar de que Orinoco es usado por los humanos como una autopista la vida lo considera su hogar, su territorio de caza y alimentación. El puerto es la frontera de lo artificial y estar en el río es pues sumergirse en lo natural.

Desde el principio podía ver mucha fauna, particularmente muchas aves y una de las más llamativas un águila pescadora.

— ¡Admiren mi belleza!, puesto que ustedes son apenas una parte de ella — decía el río con su voz profunda de agua, viento y arena.


Aguila pescadora, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

El águila volando sobre el río muy lentamente observando las aguas, siempre observando, cuando en un momento, y sin avisar, se descuelga a una velocidad vertiginosa hacia las aguas. Y apenas rozando el agua extiende sus garras, atrapa un pez y se aleja con el entre sus garras.
— Ya tengo la comida de mis pequeños — dice alegremente volando hacia el nido.

Está águila no demuestra, ni presume sus habilidades es simplemente lo que hace a diario, es su “ir a la oficina y obtener el sustento” lo cual es una lección de humildad más que patente.

Muchas veces vi esta acción pero no fui capaz de tomar una secuencia de fotografías, primero me era demasiado impresionante y quedaba anonadado con la cámara en el mano. Después, aún sabiendo lo que pasaría, la acción era muy rápida para poder captarla con mi poca experiencia y mi equipo de baja calidad.

— Ni con tu avanzada tecnología puedes captar lo que realmente soy — decía el río,  no puedes aprehender mi esencia — escucha más, mira mucho más, hasta sentirlo desde el corazón.

Todo el recorrido me dio lecciones, algunas las pude ver, otras muchas me pasaron desapercibidas.

Y llegamos al río Bita, pero eso será para el próximo capítulo.

El siguiente capítulo mañana.

Orinoco 2, de mañana en Puerto Carreño


Por si te perdiste el anterior capítulo de Foto expedición Orinoco puedes leerlo en Orinoco 1, Puerto Carreño.

Como es regla en una expedición de este tipo nos madrugamos, o eso era para nosotros que todavía teníamos el horario de la gran ciudad. Y sin embargo, la pequeña ciudad nos recuerda que todavía es parte de la naturaleza, parte del río y nos saluda mediante sus inquietas criaturas.

Un caracara nos dice volando y enfrentándose a la obras del hombre que ésta es una frontera, un límite entre lo artificial y lo natural. El caracara, un ave de la familia de los halcones, estaba parado en un techo de la ciudad.


Caracara vanidoso 1, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Cuando advirtió nuestra presencia y con una dignidad que sólo pueden tener la aves de presa y los felinos voló elegantemente.


Caracara vanidoso 2, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Hasta, cara a cara, toparse con una de la obras de lo “artificial”. Pero, con toda dignidad, se recuperó de su impresión inicial, usó la ventana como espejo y admiró su belleza y “charlando” con sigo mismo.

— Que bonito soy — decía insistentemente mientras se miraba aparatosa, pero dignamente en la ventana.

Lo decía con llamados que los biólogos y los observadores de aves interpretarían “erróneamente” como de un desafío ante otro miembro desconocido de su especie. A veces nos falta imaginación a los humanos.


Caracara vanidoso 3, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Pero la naturaleza no podía dejar sólo ese saludo, también nos tenía preparado unas escena de amor y violencia.

Esta hermosa damisela estaba tranquilamente posada en un cable de energía eléctrica.


Amor y violencia en un cable 1, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Cuando un galán se le acercó e intentando comenzar un baile para impresionarla.

— Con este baile va a caer rendida bajo mis alas — decía el macho muy confiadamente como creemos todos los machos.

Pero casi inmediatamente, ni había llegado a dar los dos primeros pasos, cuando apareció otro macho.


Amor y violencia en un cable 3, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

— ¡Yo la estaba cortejando! — dijo enfáticamente el primero.

— ¡No, yo la voy a cortejar! — dijo más violentamente el segundo — y las dos hablaban de “cortejo” pues el lenguaje de las aves es muy correcto, aún en situaciones de estas.

Y como solo puede ser en estos casos se desató la violencia, pero en su sabiduría los machos comenzaron un enfrentamiento ritual, una danza coordinada de gran vistosidad.


Amor y violencia en un cable 4, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Finalmente la hembra fue la juez de esta impresionante danza guerrera en la que ninguno salió herido. No se quién gano, pues francamente los dos machos son iguales, pero lo importante aquí es lo que estas aves “sin cerebro” nos enseñaron.

Y la mañana apenas comenzaba.


Temprano en Puerto Carreño, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

El río Orinoco adornaba con sus reflejos las canoas en el puerto.


Canoas al amanecer, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Las canoas esperan pacientemente a ser abordadas, formando un tapiz de formas alargadas y colores, esperando a que su pasajeros las aborden para iniciar la aventura.


Canoas en Puerto Carreño, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y salimos al río Orinoco para ir hacía el río Bita que nos esperaba tranquilamente. Pero eso, es para el próximo capitulo.

Mira el siguiente capítulo Orinoco 2, de mañana en Puerto Carreño.

Orinoco 1, Puerto Carreño



Atardecer en el Orinoco, del ‘album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

El majestuoso Orinoco, uno los ríos más importantes de sudamerica y tal vez el río más enigmático. Si bien hay muchos interrogantes que lo definen, mas que respuestas, buscaba  participar de ese misterio, vivirlo, tratar ser parte de él, y de la misma forma, intentar que mis fotografías dieren cuenta de esa vivencia.

La mejor forma de llegar es por avión, pues las carreteras son casi inexistentes. Los veteranos  pilotos de 4×4 usan esa travesía para probarse de que están hechos, y aún así pueden durar semanas en llegar. Por ello la única alternativa es viajar en Satena, que es el brazo comercial de la Fuerza Aérea Colombiana. Son un monopolio de facto en todas estas pequeñas poblaciones, pues nadie más cubre estas rutas. Y como es un monopolio ellos tienen su propia versión de servicio al cliente. Te cuento, nuestro plan era acampar todas los días en el río Bita y en el Orinoco, no nos interesaba el hotel pues eso nos amarraba a la ciudad, Puerto Carreño, y no nos permitía tener una experiencia directa de la naturaleza. Por ello no teníamos hotel definido y menos reservas y Satena decidió arbitrariamente que nuestro equipaje, incluido todo el equipo de acampada, viajaba en el siguiente vuelo ¡y sólo hay un vuelo diario! No teníamos donde pasar la noche por que nuestras carpas, ropa y equipo llegaban al día siguiente.

Pero el vuelo fue una delicia. Los aviones pequeños tienen una ventaja de la que carecen los jets, vuelan bajo y esto para una persona como yo amante de la naturaleza es una orgía paisajística. Como salimos de Bogotá bajamos de los andes y entramos a la gran extensión llamada “Los Llanos”. Plano, absolutamente plano durante kilómetros y kilómetros, los cual es muy raro para mi, pues vivo entre montañas a 2600 metros de altura. Los únicos accidentes geográficos son los ríos. Estos parecen serpientes con muchas vueltas y revueltas sobre el terreno. Los ríos son muy anchos, pues se alimentan de toda el agua que cae sobre la cordillera de los Andes y finalmente van a desembocar en el Orinoco, alimentándolo de agua y nutrientes. Por ello los bosques de esta región se forman a la vera de los ríos, estos bosques se llaman de galería. Pero todo, no sólo los bosques, están lleno de vida, de animales y plantas.

Y llegamos a Puerto Carreño, y como era de esperarse el equipaje no llegó.  Así la primera noche nos quedamos en el Hotel Orinoco, en una habitación muy cómoda con ventilador a un buen precio. Por la tarde y la noche nos dedicamos a recorrer la ciudad. Esta se parece mucho a cualquier población de lo que en Colombia se llama “tierra caliente”, lo distinto es su puerto en el río Orinoco, está guardado por una deidad:


La Virgen de Puerto Carreño mirando hacía río Orinoco, del ‘album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

¿Está este símbolo occidental de lo femenino intentando desentrañar los misterios del Orinoco? O mejor, es la representación del misterio del Orinoco desde lo femenino y la representación de su fuerza, pues el agua fluye hasta dar forma pacientemente a todo a su paso, como la mujer. Lo cierto es que es un punto donde comienzan y terminan los viajes, un sitio donde están los vehículos para ese viaje.


Puerto Carreño, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

El atardecer nos tomó en el puerto y es cuando los colores de las canoas y botes se intensificaron dando al Orinoco otra personalidad, si se quiere más suave, pues el atardecer nos recuerda más la vuelta al refugio y no tanto al viaje y sus aventuras. A pesar de ello, esa noche dormiríamos suavemente en nuestra habitación de hotel con ventilador, ansiosos de empezar a recorrer el río.


Atardecer en Puerto Carreño, del ‘album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Como es regla en una expedición de este tipo nos madrugamos, o eso era para nosotros que todavía teníamos el horario de la gran ciudad. Y sin embargo la pequeña ciudad nos recuerda que todavía es parte de la naturaleza, parte del río y nos saluda mediante sus inquietas criaturas.

Pero esto es para el próximo capítulo.

No te pierdas el siguiente capítulo, Orinoco 2, de mañana en Puerto Carreño.

El extraño ritual de la Tingua


El extraño ritual de la Tingua I, originalmente cargada por Aztlek.

Cuando estaba fotografiando a la amorosa familia de tinguas de la que les hablé en Protegiendo y alimentando a la familia estuve mucho tiempo con ellas y llegué a ver muchos comportamientos. Ya les hablé de su férrea protección del territorio cuando está criando, también de que forman unidades familiares inclusive con los hijos mayores que ayudan en la crianza de los polluelos y la ternura que todo esto implica.

Pero al estar tanto tiempo con ellas comencé a notar un comportamiento repetitivo, yo diría ritual, en la que una de las tinguas adultas estaba tranquila nadando en el humedal y como se ve en la primera fotografía cuando comienza a desplegar las alas.

El extraño ritual de la Tingua II, originalmente cargada por Aztlek.

Y seguidamente, todavía en el despliegue de alas, comienza a separar el pecho del agua.

El extraño ritual de la Tingua III, originalmente cargada por Aztlek.

Y sube aún más.

Y comienza a agitar las alas, como para despegar.

El extraño ritual de la Tingua IV, originalmente cargada por Aztlek.

Y aletea aun más.

El extraño ritual de la Tingua V, originalmente cargada por Aztlek.

Y más todavía.

El extraño ritual de la Tingua VI, originalmente cargada por Aztlek.

Las primeras veces que le vi hacer esto creí que iba a empezar a tomar carrera para despegar, pero no.

El extraño ritual de la Tingua VII, originalmente cargada por Aztlek.

Y finalmente queda otra vez en el agua como si nada hubiera pasado.

El extraño ritual de la Tingua VIII, originalmente cargada por Aztlek.

No parece ser el comportamiento en el cuál las tinguas toman carrera aparentando que van a despejar como ya les decía en Foto expedición lagunas y que les decía que podría ser un comportamiento asociado más a la reproducción por que siempre se presentaba cuando hay miembros del otro sexo cerca. Por el contrario, este comportamiento lo vi en una tingua adulta en etapa de crianza, no de galanteo. Y se presenta muchas veces, algunas antes de sumergirse para buscar comida, otras después; algunas cuando está alimentando a los polluelos y muchas veces cuando simplemente está por ahí nadando tranquilamente.

Lo cierto es que esta idas al Humedal de Itzatá, o de Córdoba, han sido muy enriquecedoras y además de que no deja de ser una sorpresa de que en plena ciudad se puedan ver estas escenas, y me han llenado el corazón de ternura, por que ese comportamiento es común en la naturaleza.
Referencias

Protegiendo y alimentando a la familia


And again was submerged Coot, originalmente cargada por Aztlek.

Y el se sumergió, otra vez, para buscar alimentos para sus bebés. Pero me estoy adelantando. Comencemos por unos minutos atrás.

Después de esa experiencia mágica que viví con el gavilán, y que les conté en El gavilán y su presa, seguí caminado. Vi muchas aves en el camino. Este humedal queda en plena ciudad, pero cuando uno está en él se sumerge en un bosque lleno de aves, pareciera que estuviera en algún lugar muy apartado, fuera de la ciudad.

Bueno, pero como les decía, podía escuchar a las aves en todo el camino, y podía ver, de vez en cuando, una entre los árboles, pero no alcancé a fotografiarlas.

Llegué al punto en donde me tocaba decidir si seguir por el camino donde había visto a las cariñosas tinguas y antes al pato media luna. Sentí un poderoso deseo de ir a visitarlas, de ver como estaban, pero dudé cuando mi racionalidad dijo.

— ¡¿Más fotos de la mismas aves?! — y recordaba aprensivo el resbaloso canal por el que había que pasar para llegar.

Sin embargo algo me decía que las visitara. Me acordé del colibrí.

— Solo son unos metros más adelante, y es antes del canal — me decía racionalizando el impulso.

Y si estaba el colibrí, pero me miraba entre los espesos matorrales que son su casa y parecía decirme.

— Me ves, pero no no puede acercarte. Ja ja jaja — decía casi burlonamente con ese largo pico.

Y si lo veía, como una sombra entre las ramas. Por lo que no pude hacerle fotos.

— Bueno, ya que estamos cerca visitemos a mis amigas — me dije como impulsándome de a poquitos.

El canal no tenía agua, pero era lo que menos me preocupaba, por que estaba lleno de ese barro resbaloso que si me preocupaba. Sin embargo, lo pasé de la misma forma de la vez pasada y no hubo problema.

Cuando me estaba acercando al agua comencé a oír el llamado de las tinguas. Sonaba a algo como — aunque no lo sabía en ese momento.

— ¡Fuera!, ¡Fuera!, ¡Fuera!, ¡Fuera! — Decía una violentamente.

— ¡Vete!, ¡vete!,¡Intruso!,¡Intruso! — Decía la otra asustada.

Como siempre al principio creí que era por mi causa.

Cuando llegué encontré a las tinguas pico blanco, vecinas de la pico rojo, un poco alborotadas y nadando en un territorio más amplio. Creí que se asustarían como la otra vez, pero esta vez  tenían una actitud más segura.

— ¿Y mis amigas las pico rojo? — me pregunté.

Busqué y busqué. Estaban escondidas entre la vegetación de la orilla opuesta. Le hice una fotografía a una de ellas cuando salía tímidamente de la vegetación.

Coot hiding, originalmente cargada por Aztlek.

La actitud era distinta a de esas confiadas tinguas que conocí la vez pasada. Era exactamente lo contrario. Ahora las tinguas pico blanco estaban adueñadas del territorio.

Pero yo en ese momento todavía no entendía lo que estaba pasando. Sin embargo, me centré en hacerle fotos a estas nuevas, a pesar que es una especie que ya he fotografiado mucho, como puedes ver mi artículo Foto-expedición lagunas. Y menos mal lo hice, por que pude documentar un comportamiento muy especial. Pero no nos adelantemos.

Mientras le hacía innumerables fotos descubrí por que las tinguas pico rojo estaban muy asustadas. Resulta que era culpa de las pico blanco.

En un momento la tingua pico blanco comenzó a nadar rápidamente hacia donde estaban las pico rojo con una mirada decidida en su cara. Y …

¡Atacó a las otras tinguas!

¡Las echó! Por eso es que estaban tan asustadas. La tingua pico blanco es más grande y pesada que las pico rojo y ellas lo único que podían hacer era refugiarse en la vegetación. Todo pasó tan rápido que no pude hacer unas fotografía de eso (pero el comportamiento que vino después abría de compensar esta falta)

— ¿Por que hace eso? — me preguntaba — Si en la otra ocasión convivían pacíficamente.

Seguí haciendo fotos. Cuando de pronto, una hembra de pato media luna aterrizó en el agua casi al frente mio. Y ella, al verme se llevó un susto de tal magnitud que salió casi inmediatamente volando. Pero esas fotografías las dejo para un próximo articulo sólo dedicada a ese hermoso pato.

Pero en el momento en que se fue, comencé a ver unos pequeños pollitos. Al principio hice una extraña asociación entre la pata y ellos, y digo extraña por que ninguna madre deja a sus hijos desprotegidos de esa forma. Y, claro,  me equivocaba.

¡Eran pollitos de tinguas pico blanco!

Esa era la explicación. Cuando estas tinguas están criando  son violentamente territoriales y eso era lo que estaba observando. Pero lo mejor vino después.

En un momento una de las tinguas adultas hizo lo siguiente.

Coot submerging I, originalmente cargada por Aztlek.

Para inmediatamente verse.

Coot submerging II, originalmente cargada por Aztlek.

Y finalmente no quedar nada más que.


Coot submerging III, originalmente cargada por Aztlek.

Estaba sumergiéndose para encontrar comida. Y es que esta tingua come de todo: vegetales, peces e insectos acuáticos. Además son muy buenas buceadoras como lo estaba viendo.

Pero lo mejor vino después, cuando la tingua que había acabado de sumergirse se acercó a uno los pollos  y realizó uno de los actos más tiernos de la naturaleza …

Coot feeding her baby, originalmente cargada por Aztlek.

¡Alimentó a uno de los bebes!

Pero no se preocupen por los otros, luego se sumergió muchas veces y alimentaba a un bebé distinto cada vez (por lo que me dio muchas oportunidades de hacer fotos).

Si, es muy violenta cuando está criando, pero al mismo tiempo es muy tierna, en el sentido que ya te mencionaba en el artículo de Tinguas cariñosas. Y, igual que las tinguas pico rojo, forma unidades familiares con los hijos más grandes y ayudan en la alimentación y cuidado de los polluelos.

No, no es una especie en peligro, se dice que es una preocupación menor, pero no me cansaré de decir que si seguimos acabando con su habitad, los humedales, podría ser que ya no veamos estos protectores y tiernos comportamientos nunca más.

Mapa conceptual

También prepare un mapa conceptual que relaciona las principales características de esta tingua. Para verlo sólo haz clic en él para ver la versión en alta resolución y si usas un navegador basado en Firefox puedes ampliar la parte que quieras haciendo clic en ella.

Mapa conceptual de la Fulica Americana

Mapa conceptual de la Fulica Americana

Referencias

El gavilán y su presa


The hawk and its prey, originalmente cargada por Aztlek.

El ruido que estaban haciendo las tinguas era bastante grande.

— ¡PELIGRO!, ¡PELIGRO!, ¡PELIGRO!, ¡PELIGRO!, ¡PELIGRO! — decían desesperadamente.

Yo al principio no les entendí, creí que era lo que típicamente hacen cuando me acerco. Pero el alboroto era mayor.

Caminé prestando poca atención al asunto, hasta que llegué el primer observatorio, había una tingua pico rojo huyendo a la que traté hacerle una fotos, pero con la velocidad a la que iba no pude hacer ninguna decente. Y he de confesar que mi teleobjetivo no es muy bueno 😦

Como no había nada más, me fui por un sendero que no había tomado antes y que finalmente me acercó al agua.

Cuando estaba llegando sentí el aleteo de una ave muy pesada, volteé en esa dirección y alcancé a ver una cola con bandas negras y blancas, y en las garras lo que parecía ser una paloma.

¡Era una rapaz cazando! Ahora entendía el alboroto de las tinguas.

Y la había asustado. ¡Una oportunidad fotográfica perdida!

— Tengo que aprender a andar de forma más sigilosa — me dije un poco reprendiéndome.

Pero viéndolo bien, estuve tan cerca que realmente por más sigiloso que fuera la abría asustado. Es que en el humedal el bosque es tan cerrado, que a la vuelta del camino puede uno encontrarse de frente y a unos pocos metros a un animal.

Intenté seguirla, pero al darle la vuelta al matorral ya no la encontré, al parecer había volado más lejos.

— Bueno será como los loros, una tarea a más largo plazo — dije consolándome.

Y es que la vez pasada, mientras le hacía fotografías al pibí, alcancé a ver dos loros que se posaron en la parte alta de un árbol lejano. Les traté de hacer algunas fotos, pero estaban muy lejos, y aparte de esto, quedaron movidas y desenfocadas. Solo se alcanza a ver un manchón verde que parece tener unas primarias color rojo y un pico que parece de loro.

¡No tenía ni idea que en los humedales de Bogotá había loros!

Pero volviendo a nuestra historia, resignadamente seguí caminando.

Llegué al enorme claro donde se puede ver una gran extensión del humedal, o se podía ver, puesto que en esa parte se ha sedimentado y secado. Si, en el lugar en el que fotografía a el cuco, de hecho en el mismo árbol …

¡Estaba parada la rapaz, y con su presa!

Al principio no reparé en la presa, por que lo que hice fue ponerme inmediatamente a hacer fotos. Había que asegurar la fotografía, quién sabe cuento tiempo estaría ahí, se podría asustar de nuevo.

Cuando vi que estaba con la presa en las garras supe que era la misma que se me había escapado. ¡Qué suerte!

Pero estuvo tranquila comiendo un buen rato así que pude hacerle muchas tomas.

No es la primera vez que me encuentro con uno de esta especie. La primera vez fue en el Jardín botánico se Bogotá, pero en esa ocasión no tenía un teleobjetivo decente. La segunda vez, lo encontré en la Fotoexpedición de las Lagunas, donde había uno haciendo unos despliegues aéreos, y cantando mucho. Seguramente para enamorar. Pero en esa ocasión tampoco pude hacer una foto medianamente decente. Hasta que, la tercera es la vencida, esta vez no solo fotografié a uno, sino a dos, en el Humedal de la Florida. Puedes ver la historia en Los dos gavilanes.

Pero siguiendo en nuestra historia, según los expertos este gavilán, el gavilán caminero o gavilán pollero, a pesar de su nombre, muy rara vez caza aves, y, sin embargo, eso fue lo que vi y fotografíe. Puede que no se vea bien lo que tiene entre las garras en la fotografía, puede ser una paloma, una tingua de las pequeñas o algo así, pero seguro es un ave.

Por lo visto estaba presenciando algo excepcional.

Lo que normalmente comen, según los expertos, es: insectos, anfibios, roedores, peces, reptiles (culebras y lagartos) y eventualmente murciélagos. Pero muy rara vez aves. Dicen que es por su tamaño, es de los gavilanes más pequeños, y su forma de cazar. Es muy cómodo, se para en una rama a esperar que pasa por ahí y se lanza. Claro, con lo rápidas que son las aves y su buena vista pues el método no parece ser muy efectivo.

Y en general es un gavilán que parece no gustarle gastar mucha energía, las veces que lo he visto, a excepción de cuando estaba en cortejo (prioridades son prioridades), siempre está en una rama muy tranquilo mirando sus dominios. Por que si, son territoriales, como muchas aves de presa. Pero estos territorios los comparte con su pareja.

Y si, también crían juntos a los polluelos. Otro ejemplo de ternura animal, como las Tinguas cariñosas. Hacen un nido voluminoso en las copa de un árbol y más o menos ponen dos huevos blancos que tienen estrías o puntos cafés; camuflados, como el plumaje de los padres que tienen estrías cafés en el vientre.

No me extrañaría que parte de la presa que estaba viendo entre sus garras fuera para alimentar a los pollos o compartir con su pareja. Por que sin haber terminado se llevó su presa para el otro extremo del humedal.

Fue uno de esos encuentros mágicos, para mi. Para el gavilán simplemente era un humano haciendo esas cosas raras que hacen los humanos.

Esta especie de gavilán, al contrario de muchas otras, se ha adaptado muy bien a los entornos intervenidos por la humanidad. Por ello lo he visto en tantas ocasiones y muchas de ellas en ciudad, como esta vez. Pero no significa que no debamos seguir cuidándolo, y en especial, cuidar los habitad en los que acostumbra a vivir, como lagunas, humedales y bosques.

Mapa conceptual

También prepare un mapa conceptual que relaciona las principales características de este hermoso gavilán. Si, lo se, es un poco grande, pero lo quería hacer así por que: primero hay mucha información sobre esta ave en Internet, tal vez por lo que es tan común. Y segundo me encantan las aves rapaces.

Entonces para verlo sólo haz clic en él para ver la versión en alta resolución y si usas un navegador basado en Firefox puedes ampliar la parte que quieras haciendo clic en ella.

Mapa conceptual del Buteo magnirostris

Mapa conceptual del Buteo magnirostris

Referencias

Un pato diferente


A different duck, originalmente cargada por Aztlek.

Y de pronto sentí que algo muy pesado aterrizaba en el agua.

¡Una hembra de Pato medialuna!

Se me quedó mirando mientras nadaba. Parecía tranquila pero en realidad estaba alerta, evaluando.

— ¿Será peligroso? — pensaba mientras me veía preocupada.

Y es que a estos patos los cazan tanto que se han vuelto muy cautelosos. Inclusive los envenenan por miles como denuncié en Están matando al pato medialuna, y con grave riesgo de la salud humana. Y eso que no son muy grandes. Una vez pude ver una parvada de estos patos y en ella había un pato norteño (Anas platyrhynchos), si el pato Lucas, el de las caricaturas,  con collar y todo, y los medialuna se veían muy pequeños en comparación.

Pero volviendo al tema. En ese mismo lugar ya he fotografiado a estos mismos patos, de hecho a un macho (mismo artículo).


Blue-winged Teal, originalmente cargada por Aztlek.

No sería nada extraño que fuera la pareja de la hermosa patita que encabeza esta entrada. Y tampoco es raro que esta parejas de patos vuelvan a los mismos sitios.

Pero la pata seguía mirándome,

— Es grande y tiene algo extraño pegado a la cara con lo que me apunta y suena — dijo la pata — mejor prevenir.

Y salió volando con su llamado de alerta característico.

— ¡Humano!, ¡humano!

Y le respondieron.

— ¡Humano!, ¡humano!

Le respondió otro pato. Tal vez su pareja. ¡De pronto el mismo de la fotografía!

A pesar de su desplante me sentí muy contento de ver (y oír) unos viejos conocidos. Que todavía están vivos y juntos.

Mapa conceptual

También prepare un mapa conceptual que relaciona las principales características de este simpático pato. Para verlo sólo haz clic en él para ver la versión en alta resolución y si usas un navegador basado en Firefox puedes ampliar la parte que quieras haciendo clic en ella.

Mapa conceptual del Anas discors

Mapa conceptual del pato Anas discors

Referencias

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