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Orinoco 9, Alto del Tigre e Isla Santa Elena


Por si te perdiste el anterior capítulo de Foto expedición Orinoco puedes leerlo en Orinoco 8, la isla  Santa Elena.

Esa mañana me sentía mal, tal vez un exceso de repelente para mosquitos, pero casi seguramente todavía estaba intentando asimilar las lecciones del río. Así que después de levantarme tarde me dediqué a hacerle mantenimiento a la cámara y me duché largamente. Me sentí mejor.

Después de desayunar abordamos la canoa y continuación de un corto paseo por el río desembarcamos en lo que nuestros guías llaman entre risas el Alto del Tigre.


Alto del tigre, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Resulta que dos de nuestros guías estaban entrenando para el triatlón, si, nuestros guías son ironman y subían al alto para entrenar. En un momento.

— ¿De que animal es este excremento? — preguntó curioso y jadeante por el esfuerzo de la subida.

— ¡Pues es de tigre! — dijo el otro.

Pues el primero no duró ni un minuto en volver a bajar la cima al huir despavorido. Desde ese momento se llamó el “Alto del Tigre”.

Es de aclarar que en la región le llaman “tigre” o “tigre mariposo” al jaguar, no tienen nada que ver, pero ese es el problema de los nombres comunes. El segundo nombre se debe a que las manchas del pelaje del jaguar son simétricas y con algo de imaginación parecen mariposas.

A nosotros también la subida nos costó mucho trabajo pues hacía mucho calor. A mitad de camino nos tocó refugiarnos a la sombra de unos matorrales que formaban un pequeño bosquecillo al lado de una roca. Pero cuando llegamos a la cima.


Paisaje del río Orinoco, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

La que se ve al frente es una pequeña parte de la Isla Santa Elena.

— ¿No es mi belleza profunda? — decía con voz de viento el río Orinoco.

Mientras descansaba, otra vez, me ponía a hacer fotografías.


Pequeña, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

De regreso a la Isla Santa Elena pescamos un pez llamado palometa el que preparamos frito y sabía delicioso, me gustó más que la piraña. Y mientras, teníamos una compañía que también se ocultaba del sol.


Guala cabecirroja, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Una guala cabeciroja, o buitre americano de cabeza roja. Si bien se ven muy parecidos a los buitres del viejo mundo, no tienen nada que ver, son aves que no están emparentadas, pero que tienen la misma función en el ecosistema, esto es, evolución convergente.

— También en eso está mi misterio — decía el río con su voz de arena.

Después de terminar de almorzar tuve tiempo de “pajarear” un poco cerca del campamento. Estaba en eso cuando oí una hermosa melodía.


Arrendajo culiamarillo, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Un arrendajo estaba dando un concierto de canto. ¡y muy cerca de mi carpa! Justo en el lugar donde me cepillaba los dientes. Lo cual es importante para más adelante, así que recuérdalo. Pero de esa historia te contaré un los próximos capítulos.

Siguiente capítulo Orinoco 10, caño Dagua, Casuarito y hacia el raudal.

Orinoco 7, piedras de Botero


Por si te perdiste el anterior capítulo de Foto expedición Orinoco puedes leerlo en Orinoco 6, hacia el Orinoco.

En el anterior capítulo dejamos el río Bita y entramos en el río Orinoco, pero ello no me había preparado para lo que vería después. Llegamos al sector que llaman la Piedras de Botero.


Piedras de botero 1, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Son un conjunto de piedras talladas por el río de tal forma que recuerdan a las pinturas de famoso pintor colombiano Fernando Botero, son como “gorditas”. Lo cierto es que es una de las manifestaciones del escudo guayanes. Son antiquísimas formaciones moldeadas por el río.

— Es mi forma de obrar, con fuerza y paciencia, pero no con violencia, así doy forma — me decía el Orinoco con su voz de agua, arena y viento.

Estas formaciones recuerdan un poco a Caño Cristales,  y no es casualidad por que también ese río es parte del escudo guayanés.


Piedras de botero y canoa, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Después de llegar en la canoa (no la de la fotografía por cierto), caminamos por un pasillo de arena flanqueado por éstas grandiosas piedras.


Piedras de botero 2, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Subimos a las piedras que nos revelaron un paisaje único.


Piedras de botero 3, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y a solo unos pocos metros una vista distinta e impresionante.


Piedras de botero 4, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

— ¿Entiendes lo que significan esta formaciones? — decía el Orinoco con su voz profunda de agua.

Y en sólo otros dos metros y un ligero cambio de ángulo.


Piedras de botero 5, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

— ¿Entiendes? — seguía insistiendo el río con su voz de arena.

Un poquito más adelante.


Piedras de botero 6, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

— ¿Qué debo entender? — repetía yo en voz baja.

Otro poquito más adelante.


Piedras de botero 7, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

¿Cuál es el misterio que habita en el río y que se manifiesta en estas piedras?


Piedras de botero 8, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Si uno se asoma a los huecos dejados por el río.


Pequeña planta escondida, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Una pequeña planta escondiéndose del abrazador calor.

Subiendo unos grados la cámara.


Piedras de botero 9, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Un poco más allá.


Piedras de botero 10, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y más.


Piedras de botero 11, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

— ¿Mi belleza, en que radica? — decía profundo el Orinoco con su voz de viento.

— ¿En que radica? En sus curvas, en la fluidez del paisaje — pensaba yo — ¡eso es lo que hay que fotografiar!


Piedras de botero 12, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Pero no eramos los únicos sobre esta paisaje.


Golondrinas perezosas 1, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Parecían estar descansando.

— Amigas descansemos de este absurdo calor en estas hermosas piedras.

— Si tienes razón, ya estamos cansadas de volar detrás de los insectos, descansemos — decían perezosas las golondrinas.

Pero el río no descansa, sigue dándome paisajes, casi obligándome a que le haga fotografías.


Piedras de botero 13, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

— No te puedes perder ni una parte de mi si quieres sumergirte en mi misterio — decía el río Orinoco.


Piedras de botero 14, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y mientras tanto una pareja descansaba y charlaba bajo el sol.


Dos piguas charlando, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

— Son esos monos extraños de los que nos avisó el río Bita — decía una de las dos piguas

— No les prestes atención, no son peligrosos, más bien descansemos del calor mientras pensamos como conseguir alimento para nuestros bebés — afirmaba la otra pigua.

Mientras tanto el río mostraba más.


Rocas en agua, del álbum Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

— ¿Cuál es mi esencia? — me decía el río.

Y yo no pude sino quedarme pensando sobre ello montado en la canoa con la cámara en la mano y exhausto por el esfuerzo de entender. ¿Entendería más adelante en la isla Santa Elena esos enigmas?

Pues eso te lo contaré en el siguiente capítulo.

Siguiente capítulo Orinoco 8, la isla Santa Elena.
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Orinoco 4, el río Bita


Por si te perdiste el anterior capítulo de Foto expedición Orinoco puedes leerlo en Orinoco 3, de Paso por el Orinoco.

Si en el capítulo anterior contaba la naturaleza grandiosa el río Orinoco, cuando entramos al río Bita este comenzó a darme lecciones menos grandiosas pero más íntimas.

— Oye mi voz más queda y virgen, más dirigida a tu interior — decía el río Bita.

Así fue que no me perdí las bellezas rosadas.


Espatulas rozadas en el río Bita, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

¿Pero entendí? ¿Es la fotografía un indicio de ese entendimiento? No se, pero lo viví.

Y en la orillas del río Bita más vida, más aves, muchas garzas.

— ¡Una garza real! — dije con mucho entusiasmo — hice la foto, hice muchas y una de esas.


Garza real a orilla del río Bita, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y llegamos al lugar del campamento. Una isla en el río Bita, dos terceras partes de bosque, una tercera de arena enfrentando el río. Desayunamos con pavón frito (un pescado) y deliciosa arepa venezolana. Ahí más aves, playeros, chorlitejos y más caracaras, esta vez una pareja.


Dos caracaras conversan mientras se alimentan, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Estaban paseando en la playa y parecían estar conversando mientras buscaban alimento para sus bebés.

— ¿Te perece bien este hueso para que los niños tengan calcio y desarrollen un pico fuerte? — decía uno de ellos, el más grande, la hembra.

— Claro, mi amor, todo lo que sea bueno para nuestros hijos — decía el macho — mientras tomaba el hueso para llevarlo al nido.

Y así recorrieron la playa buscando cosas para alimentar a la familia, un comportamiento basado en el amor con miles de años de antigüedad. Y dicen que los mamíferos son los únicos capaces de expresar amor por sus crías, esto también era amor paternal.

Mientras en uno de los matorrales de la orilla de la isla un cormorán desplegaba su alas al sol.


Pato aguja secando sus alas, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Lo llaman pato aguja, pero no tiene nada que ver con los patos, ni siquiera nada, sólo bucea y para poder hacerlo no tiene impermeabilizadas sus plumas, como si las tienen muchas aves acuáticas, como los patos, por lo que cuando ha pescado le toca llegar dificultosamente a un lugar donde esté iluminando el sol para secar sus alas. No es para nada un pato, prefiero su otro nombre, pájaro serpiente. Y me encanta verlos así porque parece que estuvieran adorando al sol.

Pero obviamente no era el único en el bosque de la isla, había cientos de aves y quien sabe que más en ese espacio pequeño. Y una simpática y pequeña presencia descansaba en una rama.


Golondrina en la mañana, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Una golondrina que parecía posar en la mañana.

— Soy linda y tierna, tómame una foto — parecía decir la golondrina.

— Pero yo soy más linda y majestuosa — decía un garzón azul acaparando ahora mi atención.


Garzón azul, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Más o menos un metro veinte de elegancia azul y gris estaba en la orilla al frente en el río, mirando.

Y así, en ese pequeño segmento de río más y más vida. Pero no sólo la riqueza se presentaba en la fauna, sino también en su paisaje.


Playa en el río Bita 1, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y sólo girando unos grados hacia la derecha:


Playa en el río Bita 2, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

¡Y ahí acampamos, en ese paisaje!

Y las aves caminaban plácidamente por sus arenas, otra vez exigiendo mi atención.

— Yo sólo camino y soy linda ¿no te perece? — parecía decir el pellar playero.


Pellar playero, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y mientras esperábamos el almuerzo, hablábamos de la gran cantidad de aves y uno de los compañeros dijo.

— ¿Cómo la que tienes en el árbol, detrás de ti? — me decía divertido.


Caracara, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Era uno de los dos abnegados padres caracara que estaban recogiendo huesos en la mañana para sus pequeños, la isla era su hogar, despensa y coto de caza. Estaba muy seguramente vigilándonos.

— ¿Serán depredadores estos monos extraños? ¿Dejarán comida tirada como otros los monos?, mis bebés necesitan comida — pensaba muy interesado el caracara.

Menos mal ninguna de las dos preguntas del caracara resultó ser cierta, sólo la observación de que eramos monos extraños.

Al pararme y hacer la foto del caracara quedé en modo fotografo y por lo mismo mirando hacia la playa pude poder ver otra ave, una corocora negra o coquito.


Corocora negra 1, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Que al acercarme emprendió el vuelo.

— Se está acercando demasiado, mejor me voy — dijo con prevención, pero no con angustia.


Corocora negra 2, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y aprovechó y me dio a mi, un ex-aprendiz de parapentista, una lección de vuelo, la cuál no sería la única que me darían los ríos.

— La facilidad, la fluidez, la naturalidad ¿lo notas? — decía el río Bita con paciencia.


Corocora negra 3, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

— Dejo que el aire corra por mis alas y con unos pocos aleteos me remonto al cielo — parecía decirme la corocora.


Corocora negra 4, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Al rato salimos por el río, en la canoa, y fuimos a dos lagunas, realmente brazos abandonados del río Bita.


Laguna del río Bita 1, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

No es raro encontrar este tipo de lagunas cerca de los ríos de llanura, tienen forma de media luna, nacen cuando el río cambia de curso y abandona esos antiguos trayectos. Mientras pensaba en ello unos aterradores ojos me veían desde la superficie de la laguna.


Babilla, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y luego más, pero cuando me acercaba para hacerles fotografías se ocultaban rápidamente y al parecer lo aterrador realmente estaba en otra parte.

— Mejor escondernos no nos vayan a convertir en una cartera de cuero y de todos modos no sabemos bien — decían un poco aterradas las babillas.

Por eso sólo pude ver sus ojos y algo de sus cuerpos flotando debajo del agua, camuflándose entre los troncos sumergidos. Pero la belleza del paisaje de estas lagunas nos asaltaba continuamente.


Laguna del río Bita 2, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y, como siempre, con solo rotar unos grados.


Laguna del río Bita 3, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

Y más fauna, muchos martín pescador, más garzones azules, corocoras negras, garzas azules, garzas ralladas, garzas blancas y más.

De vuelta armé la carpa y pensé que tenía que tener cuidado por que la arena sobre la que estaba era muy suelta y las estacas muy pequeñas, no alcancé a adecuar unas largas como las que usábamos cuando acampábamos de niño con mi familia en las playas vírgenes de Venezuela.

Y cayó la tarde dejando ver otro de sus espectáculos.


Atardecer con canoa en el río Bita, del album Orinoco, originalmente cargada por Luis Alejandro Bernal Romero, Aztlek.

— No puedo ser más hermoso — decía plácido el río Bita.

Después de cerrar la boca ante el espectáculo el guía dijo.

— Tomen sus linternas pues no vamos a pescar.

— ¿A pescar, de noche y sin cañas? — pensaba yo.

Abordamos entonces la canoa.

— Todavía no prendan las linternas — decía el guía entre susurros.

Navegamos un rato más en el río, cuando.

— ¡Préndalas ahora! — dijo enfáticamente.

Comenzaron a llover peces desde el agua, pasaban saltando por encima de la canoa, algunos caían dentro de ella y otros nos pegaban fuertemente en los hombros, espalda y rostro. Fue la pesca más fácil, pero más apaleada que he hecho en mi vida.

De vuelta nos comimos esos peces a la parrilla con muchas ganas a pesar de nuestros múltiples moretones y riéndonos de la experiencia.

Nos fuimos a dormir exhaustos y yo entre sueños recordaba todo lo que había pasado y una voz me decía.

— ¿Entiendes, entiendes? — decía el río Bita, con su voz cavernosa y aireada de mono aullador.

El siguiente capítulo Orinoco 5, más río Bita.

El Pibí boreal


Olive-sided Flycatcher I, originalmente cargada por Aztlek.

El martes pasado estuve en el Humedal de Itzatá, también conocido como el Humedal de Córdoba. Claro haciendo fotografía de aves, que hace rato no hacía. Y al principio estaba un poco aburrido pues no había podido hacer ninguna fotografía. No veía ningún ave y sin embargo a mi alrededor podía escucharlas muy cerca y gran número. Era como si estuvieran diciendo.

— Haja jaja. !No puedes vernos¡, !no puedes vernos¡, !nosotros si te vemos y tu no! — perecía que cantaban en un tono muy burlón.

De vez en cuando pasaban raudamente volando casi al frente mio y se perdían en el follaje.

— Ja ja ja — cantaban todavía mas duro y en tomo más burlón.

Ya creía que me iba a tocar regresar sin ninguna foto, o peor, sin conocer una nueva ave.

Cuando llegué a un claro en el bosque del humedal. Este humedal tiene un bosque alrededor del agua que es relativamente tupido y tiene pocos claros, por lo que hacer fotografía en él es complejo. Pero les decía que llegué a un claro y apenas entré noté mucha actividad en el dosel. Unos pajaritos que se verían grises volaban de un lado al otro con fuertes reclamos. Me habían visto.

— ¡Humano, humano! ¡Cuidado! — repetían incesantemente.

Y a la mayoría dejé de verlos  rápidamente. Sin embargo, uno lanzaba su llamado desde una rama seca muy alto y voló rápidamente. Al principio me pareció un copetón. Como buen bogotano y citadino todas las aves se me parecen a las pocas que conozco. Y es que en el sitio donde antes vivía había muchos copetones y anidaban en los árboles del frente de mi casa. Y cantaban todas la mañanas y me despertaban en la mañana después de una noche de insomnio. Y de alguna forma, les tomé cariño.

El color parecía más bien un gris que se camuflaba muy bien. Volvió a la misma rama y rápidamente dirigí el teleobjetivo a él. Y no, no era un copetón. Un pájaro que no conocía. Un Pibí boreal.

Esta es un pájaro que migra desde norteamérica. Tan sólo dieciocho centímetros de pájaro y es capaz de volar desde los bosques de coníferas de Canada y EE. UU. para venir a veranear. Se reproduce en esos bosques y aquí viene de vacaciones.

Realmente es gris, dicen los expertos,  un gris oliva en los lados, la cabeza y las partes superiores. En el pecho pareciera tener un chaleco. Y lo que no dicen los expertos es que el copete es de un gris más oscuro. Ese fue el causante de que lo confundiera con un copetón.

En la primera foto de este artículo se puede ver bien el copete, y los colores pero, en ninguna se puede ver el famoso chaleco. Y es que con las posición del sol en ese momento el pecho se le veía de un blanco refulgente, lo que también llama mucho la atención.

Olive-sided Flycatcher II, originalmente cargada por Aztlek.

El Pibí es un atrapamoscas, se para en una rama seca esperando a su presa, acechándola y apenas se acerca el Pibí vuela rápidamente y ya no hay más insecto. Lo hace tan rápido que al principio yo no comprendía que era lo que estaba haciendo. Creí que era una técnica para engañarme y no dejarse hacer fotos. Pero no, realmente a el no importaba mi presencia.

Y eso que este tipo de Pibí son muy territoriales, defienden a capa y espada su espacio, o mejor con pico y garras.

Según la Guía de Campo de las Aves de Colombia de la Fundación ProAves, esta es un ave que es poco común de ver en Colombia, lo cual me pone muy contento de haberla conocido

Pero hay malas noticias. Se considera que el Pibí boreal está casi amenazado, inclusive en la Guía de campo de las aves dice que es vulnerable, un nivel más. Pero sea de uno o de otro nivel, lo cierto es que esto pasa por destrucción del su hábitat. Pero lo triste es que es el hábitat a donde migra, no en América del norte, sino aquí en el sur. Seguimos con nuestra afición de destruir ecosistemas y acabar con especies.

Mapa conceptual

A modo de resumen del Pibí boreal te dejo el siguiente mapa conceptual.

Mapa conceptual del "Contopus cooperi"

Mapa conceptual del “Contopus cooperi”

Referencias

Jilguero aliblanco




Lesser Goldfinch, originalmente cargada por Aztlek.

Esta hermosa ave es un jilguero aliblanco, posó un buen rato mientras cantaba y además de lo bonita que es, cantaba muy bien, es un jilguero. No se mucho de aves, pero me parece que está un poco gordita, lo que quiere decir que el ecosistema en el que vive le es muy propicio. Y al parecer el Humedal de La Florida tiene unas condiciones muy particulares que hace que sea el hogar de muchas aves como veíamos con la Tingua Bogtotana. Por ello es muy importante que este humedal no desaparezca. Y hay que recordar que está amenazado por desarrollos inmobiliarios y por vías proyectadas que impactarían el humedal.

Esta fotografía la hice, otra vez, con mi Rokinon 500mm f/6.3, ésta en el humedal de la florida, en donde he hecho las últimas fotos que he publicado en este blog. Para ser un catadrióptico la foto salió aceptable y ya varias han salido con alguna calidad. Particularmente el Humedal de la Florida tiene muy buena luz por las mañanas, precisamente iluminando esta cañas que hacen que las fotografías se vean muy bien. No podría decir, todavía, cuales son las condiciones en las que estas fotos salen bien. Lo que si puede contarles es que el enfoque y la trepidación son problemas que se amplifican el los teleobjetivos. El enfoque, pues, es manual y eso unido a una profundidad de campo reducida los hacen difíciles de manejar. Pero esto puede ser reducido con mucha práctica. La trepidación se puede reducir con el suso de trípode o con monopode, como en mi caso.

Espiguero pizarra



Slate-colored Seedeater, originalmente cargada por Aztlek.

Este simpático pajarito estaba parado en unas cañas en el Humedal de la Florida, es un macho. Resultó ser el Espiguero pizarra (Sporophila schistacea), que según la Guía de Campo de la Aves de Colombia es poco común y enigmático. No es la primera vez que publico una foto de una ave que se supone es difícil de ver como la Tingua Pico Verde, creo que aveces es sólo dedicarle el tiempo, tener paciencia y de pronto suerte (como en este caso) para que ellos aparezcan.

Monjita de espaldas



Yellow-hooded Blackbird’s Back, originalmente cargada por Aztlek.

Una Monjita, ésta es una ave que se ve mucho en los humedales de Cundinamarca (Colombia). Son muy llamativos, por esa combinación entre negro y amarillo fuerte. Se paran en la cañas que crecen en el agua, como el de la foto, pero no duran ni un minuto en el sitio y también tienen una distancia de fuga muy lejana, por ello es muy difícil hacerles una foto. Además esta fotografía, como siempre llena de ruido, está hecha con el Objetivo catadióptrico de 500mm (el Rokinon 500mm f6.3), por eso la baja calidad. El objetivo es de enfoque manual y todavía estoy aprendiendo a enfocar, algo adicional para la baja calidad. Pero no se puede negar que me he divertido mucho con este catadiótrico, una de las mejores compras que he hecho.

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