El extraño ritual de la Tingua


El extraño ritual de la Tingua I, originalmente cargada por Aztlek.

Cuando estaba fotografiando a la amorosa familia de tinguas de la que les hablé en Protegiendo y alimentando a la familia estuve mucho tiempo con ellas y llegué a ver muchos comportamientos. Ya les hablé de su férrea protección del territorio cuando está criando, también de que forman unidades familiares inclusive con los hijos mayores que ayudan en la crianza de los polluelos y la ternura que todo esto implica.

Pero al estar tanto tiempo con ellas comencé a notar un comportamiento repetitivo, yo diría ritual, en la que una de las tinguas adultas estaba tranquila nadando en el humedal y como se ve en la primera fotografía cuando comienza a desplegar las alas.

El extraño ritual de la Tingua II, originalmente cargada por Aztlek.

Y seguidamente, todavía en el despliegue de alas, comienza a separar el pecho del agua.

El extraño ritual de la Tingua III, originalmente cargada por Aztlek.

Y sube aún más.

Y comienza a agitar las alas, como para despegar.

El extraño ritual de la Tingua IV, originalmente cargada por Aztlek.

Y aletea aun más.

El extraño ritual de la Tingua V, originalmente cargada por Aztlek.

Y más todavía.

El extraño ritual de la Tingua VI, originalmente cargada por Aztlek.

Las primeras veces que le vi hacer esto creí que iba a empezar a tomar carrera para despegar, pero no.

El extraño ritual de la Tingua VII, originalmente cargada por Aztlek.

Y finalmente queda otra vez en el agua como si nada hubiera pasado.

El extraño ritual de la Tingua VIII, originalmente cargada por Aztlek.

No parece ser el comportamiento en el cuál las tinguas toman carrera aparentando que van a despejar como ya les decía en Foto expedición lagunas y que les decía que podría ser un comportamiento asociado más a la reproducción por que siempre se presentaba cuando hay miembros del otro sexo cerca. Por el contrario, este comportamiento lo vi en una tingua adulta en etapa de crianza, no de galanteo. Y se presenta muchas veces, algunas antes de sumergirse para buscar comida, otras después; algunas cuando está alimentando a los polluelos y muchas veces cuando simplemente está por ahí nadando tranquilamente.

Lo cierto es que esta idas al Humedal de Itzatá, o de Córdoba, han sido muy enriquecedoras y además de que no deja de ser una sorpresa de que en plena ciudad se puedan ver estas escenas, y me han llenado el corazón de ternura, por que ese comportamiento es común en la naturaleza.
Referencias

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