Playa de “La Cuevita”



Playa de “La Cuevita”, originalmente cargada por Aztlek.

Esta es el final de la playa de “La Cuevita”, ya casi al comienzo del Parque nacional Natural Utría. Es una playa muy larga, caminado pueden ser aproximadamente dos horas, y después de esa travesía encuentra uno esta belleza que lo invita a uno a sentarse a simplemente a contemplar.

Pequeño cangrejo ermitaño azul




Little blue hermit crab, originalmente cargada por Aztlek.

Estaba en el río de la playa de la cuevita, en “El Valle”, cuando reparé en una gran cantidad de cangrejos ermitaños pequeños. El guía no podía comprender que para mi eran más importante que bañarme en la piscina que formaba el río. Pero es que eran muchos, cada uno con una concha diferente y se movían casi como tortugas marinas en tierra. Eran muy divertidos: se caían, tropezaban, interactuaban entre ellos. Pero entre toda esta multitud destacaba este pequeño cangrejo azul con una concha que le combinaba y con unos ojos muy expresivos. En la foto parece estar preguntándose ¿Qué es esto? o ¿Podré pasarla?

Otras historias de la Foto-expedición de las ballenas:

Playero diminuto (Calidris minutilla)




Least Sandpiper (Calidris minutilla), originalmente cargada por Aztlek.

El Playero diminuto. Nos dirigíamos a la playa del almejal cuando esta pequeña ave estaba picoteando en esa playa que es como un espejo. Posó para mi, bueno realmente fue que me ignoró, no le importaba para nada el gigante con una máquina extraña pegada al rostro, máquina que hacía click incesantemente intentando hacer una foto. Y fueron muchas, ésta que les muestro es sólo una, espero que la mejor. Y el que se aburrió fui realmente yo, el playero siguió comiendo indiferente a mi presencia aún cuando me había ido.

Otras historias de la Foto-expedición de las ballenas:

Primer avistamiento de Ballenas


Temprano, cámaras listas, sin lluvia. Ahora si pudimos salir a hacer el avistamiento de ballenas. En el río montamos las lanchas, que llaman voladoras y por la boca del río, la bocana, salimos a mar abierto.



En mar abierto, en la lancha., originalmente cargada por Aztlek.

Todos íbamos pendientes, frases sueltas surgían de vez en cuando, pero la atención estaba en el horizonte. Pasaban los segundos, después minutos y nada. Mirábamos y mirábamos. Cuando de pronto.

— ¡Miren! un chorro, hay están las ballenas! — dijo con voz rota y emocionado uno de los compañeros.

Inmediatamente el piloto de la lancha aceleró y comenzamos a volar entre las olas. Mientras los pasajeros recibíamos una paliza de de golpes de lancha. Pero no nos importó.

Cuando nos acercamos al sitio donde los habíamos visto ya se habían sumergido. El lanchero dijo.

— Vallamos más adelante, ellas salen después.

Otra vez comenzamos a mirar intensamente, si hubiéramos aumentado un poquito la intensidad de la mirada habríamos hecho hervir el mar. Veinte minutos. Nada. No nos atrevíamos a mantener conversaciones largas, sólo frases sueltas y afirmaciones rápidas, por que estábamos concentrados. Y en un momento surgieron un poco más cerca.



Jorobas a los lejos, originalmente cargada por Aztlek.

Nos acercamos una vez más. Y ellas, por suerte, no se habían hundido.

Allí estaban.



Joroba de una ballena jorobada, originalmente cargada por Aztlek.

Eran varias, como tres, una de ellas más pequeña, un ballenato. Pero no sólo vimos jorobas.



Cola de ballena jorobada, originalmente cargada por Aztlek.

Sólo una palabra, majestuosas. Son grandes y van lento como si fueran las dueñas del mar, y tal vez deberían serlo y no nosotros, esos advenedizos humanos, que no sabemos cuidar lo que nos rodea. Casi las extinguimos, hasta que fue declarada la veda. Y todavía no se han recuperado. Y sin embargo, hay todavía algunos países que las siguen cazando. Ignorando que nuestra supervivencia depende de su supervivencia.

Otras historias de la Foto-expedición de las ballenas:

Lluvia


Estábamos listos: nuestros morrales, nuestra cachuchas, protector solar, madrugamos. Las cámaras con baterías cargadas y memorias vacías; todo para ir al avistamiento de ballenas. Pero, comenzó a llover.

— Esperemos, esto no debe durar mucho, por que el aguacero está muy fuerte — dijimos con optimismo.



Lloviendo en “El Valle”, originalmente cargada por Aztlek.

Pues era una tormenta, el agua caía muy fuerte y los rayos muy cerca, el río creció y la mar estaba brava.

Y siguió lloviendo …



Casa de madera en la lluvia, originalmente cargada por Aztlek.

Y llovía …



Calle de “El Valle” en la lluvia, originalmente cargada por Aztlek.

Almorzamos con una esperanza más bien resignada. Y finalmente dejó de llover. A media tarde. Ya no podíamos ir a ver las ballenas.

Al día siguiente… Pero esa, es otra historia.

Otras historias de la Foto-expedición de las ballenas:

La expedición de las aves


Faltando cinco para las cinco de la mañana, y yo ya estaba esperando en la sala del segundo piso del hotel. A las cinco enpunto llegó Francisco con su acostumbrada pinta de guía. En la oscuridad caminamos hasta el puerto en su casa para abordar la “Cotinga Azul”. Pero esta vez teníamos un nuevo guía, uno con las misma pinta de explorador y que como después pude constatar sabía también de aves.

Comenzamos la navegación en la oscuridad. Si en la expedición anterior todo era silencio aquí mucho más, sólo se oían algunos animales. Hasta que empezó el amanecer, entonces la selva se despertó. Comenzó un concierto de multitud de voces, cada una saludando al día a su peculiar manera.

Al principio sólo eran voces, pues la selva es muy oscura al amanecer y muy poco se podía ver y menos aún fotografiar. Pero la sensación es única, se siente que se está como al principio de todo, como cuando la humanidad no existía y los animales y las plantas reinaban sobre la tierra. Estos son los tipos de escenarios que me gustan, los que son naturales todavía, los que parecen no han sido tocados por el hombre.

Subíamos por el río tímidamente casi como pidiendo permiso sin atrevernos a hacer ruido, pero atentos mirando a la espesura.

A esas horas la selva produce neblina, lo que hacía más misteriosa Y fue aclarando poco a poco. Ya las condiciones de luz eran mejores, pero comenzó a llover y tocó esperar para empezar a sacar fotos.

Cuando a los lejos.

Vimos un tucán, un Pichí chocoano (Ramphastos brevis), bueno eso creía al principio, que era uno, después al editar la fotografía descubrí que eran tres. Si, es verdad, miren la foto con cuidado están a la derecha. Se les ven los picos y sus pechos amarillos. No, no es la semilla de mangle nato, están a la derecha de ella.

Al rato, una cotorra cabeciazul (Pionus menstruus).



cotorra cabeciazul (Pionus menstruus), originalmente cargada por Aztlek.

Ella nos miraba atentamente para ver si eramos peligrosos.

Inmediatamente después un pechiblanco (Cyanocorax affinis).

También nos miraba desde una más que prudente distancia. Si, estaban muy lejos, en esos casos es cuando se entiende por que los fotógrafos de naturaleza cargan con esos aparatosos teleobjetivos, el que yo tengo, un modesto 70-300 mm, no es suficiente.

Pero se pone mejor, no desesperen.

Es un Trogón, en este caso un coliblanco (Trogon chionurus). Lo vimos descansando en esa rama de la foto detrás de una maleza no tan espesa. Comencé a tomarle fotos, mientras Francisco acercaba la canoa. Y nos acercamos más y más. Yo le tomaba fotos y el Trogón ni nos determinaba, no le importábamos. Tanto que llevamos la canoa a la orilla.

— Desembarquemos — dijo Francisco comprobando si el terreno era firme.

Yo, sin dejarle terminar la frase ya estaba en tierra. El terreno era húmedo, pero no pantanoso, era firme. Me acerqué y el trogón me miraba con indiferencia mientras le tomaba fotos. Me acercaba lentamente, sin hacer movimientos bruscos y le tomaba fotos. Una vez más. Busqué un ángulo más despejado pues unas ramas me tapaban. Ya que todavía me trataba con indiferencia aproveché y ajusté la exposición, pues estaba a contraluz. Un paso más, una foto más; otro, disparo de nuevo. Finalmente voló, tal vez aburrido de estos humanos que se le acercaban sin hacer nada específico. Pero logré la foto y otras muchas otras.

Y pocos minutos más adelante.

Una Reinita cabicidorada (Protonotaria citrea). Y casi inmediatamente.



Atrapamoscas, originalmente cargada por Aztlek.

Un atrapamoscas (Empidonax sp.).

Y después y posando largamente, un Martín pescador.

Es el martín pescador grande, también llamado de collar (Megaceryle torquata). Hay que decir que en el río y en “El Valle” hay muchos de estos. Hizo de todo, hasta cantó mientras le tomaba fotos, y no les digo lo demás que hizo.



Kingfisher singing (Megaceryle torquata), originalmente cargada por Aztlek.

Y ese fue la joya de la corona, la cereza del pastel para cerrar la expedición de las aves. Muchas aves no las pude fotografiar por que o estaban muy lejos o no había condiciones de iluminación.

Y creo que si uno vuelve varias veces, cada vez verá especies diferentes de aves, el río es muy biodiverso. Claro que si, volvería otra vez y muchas veces más.

Pero esperen otras aventuras, todavía no les he contado de las ballenas y de otras cosas.

Otras historias de la Foto-expedición de las ballenas:

Familia pingüino IV




Penguin family IV, originalmente cargada por Aztlek.

Esta familia tiene una visitante, el pingüino que está con el pico hacia arriba. Esa posición la adoptan cuando van ha llamar a su pareja, por eso se que es la vecina.

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